Pese a lo que se decía, todos deberíamos usar cubrebocas

Ciudad de México (Rasa-informa.com/Redacción).- Sobre el aún alto número de personas que deambulan por las calles sin cubrebocas, el doctor Orlando Hernández Cristóbal es enfático al decir: “Deberíamos portar uno siempre, y de la mejor calidad posible, pero si no es así ponerte algo es mejor que no traer nada, pues por más deficiente que sea el material de tu mascarilla, o si prefieres amarrarte un pañuelo o una bandana, al cubrirte la parte baja del rostro aminoras —de forma mecánica— la probabilidad de contagio”.

Para el académico, parte de la confusión sobre si usar o no tal protección se debe a lo contradictorio de muchos mensajes emitidos por las autoridades no sólo de México, sino del mundo, los cuales han ido desde afirmar, como recién hizo Trump, “que mucha gente usa máscaras no para protegerse del coronavirus, sino para mostrar su desaprobación hacia él”, hasta señalar que no hay evidencia científica de que los barbijos eviten la propagación del SARS-CoV-2, como decía el subsecretario Hugo López-Gatell a inicios de marzo. 

“Aseverar cosas de ese estilo se debe a que hemos vivido esta pandemia en tiempo real, a que la llegada de la COVID-19 nos tomó por sorpresa y con la guardia baja y, sobre todo, a que a diario se descubren cosas nuevas”, explica el profesor Hernández quien, como responsable del Laboratorio de Microscopía de la Escuela Nacional de Estudios Superiores (ENES) Morelia, desde el estallido de esta crisis se ha dedicado a analizar distintos tapabocas con un microscopio electrónico de barrido a fin de determinar su efectividad.

En un estudio donde participó el Nobel mexicano Mario Molina (publicado el 16 de mayo) se dice muy claro: “La diferencia entre hacer obligatorio o no el uso de máscaras determinó el curso de la pandemia en tres sitios distintos (Wuhan, Italia y Nueva York), pues esta medida redujo significativamente el número de infecciones. Otras estrategias de mitigación, como el distanciamiento social, han mostrado ser insuficientes por sí mismas para proteger a la gente”.

Por ello, en momentos donde en México se dan cifras récord de hasta seis mil 288 contagios nuevos por día, el profesor Hernández Cristóbal subraya que no sólo es muy importante usar barbijos al salir a la calle, sino elegir el mejor y, además, darle la higiene adecuada.

“Para entender qué tan pequeño es el SARS-CoV-2 imaginemos el grosor de un cabello (0.1 milímetros) y dividámoslo en mil, ese sería su tamaño. Buscando un símil, es como si ese diámetro capilar tuviera los 65 metros de altura de la Pirámide del Sol y el virus fuera sólo un vasito tequilero (6.5 cm). Con algo así de diminuto lidiamos y de ahí la importancia de saber qué materiales lo pueden detener”.

En busca de la mejor mascarilla filtrante

Algo que apenas se empieza a aceptar es la importancia de los cubrebocas a la hora de abatir contagios y esta toma de conciencia es tan reciente que la Organización Mundial de la Salud todavía el mes pasado desaconsejaba su uso, pero a inicios de junio modificó su postura y ahora pide a todos, en cualquier país, portar uno.

La conclusión del artículo del doctor Molina (escrito en colaboración con otros expertos en calidad del aire) es tajante: “El uso de máscaras faciales en espacios públicos es la vía más efectiva para evitar la transmisión entre humanos y esta práctica tan poco costosa —aunada a la aplicación simultánea de distanciamiento social, cuarentenas y rastreo de contactos— es una excelente estrategia contra la pandemia y nuestra mejor oportunidad de ponerle fin”.

No obstante, abundan los reticentes en cuanto a usar una máscara (por incomodidad o descreimiento), algo que el doctor Hernández critica pues los barbijos son un escudo contra los aerosoles expelidos por un infectado al respirar, toser o estornudar. El talón de Aquiles del virus es que debe introducirse a un organismo para enfermarlo y, de no lograrlo, se degrada, por lo que es buena idea ponerle barreras.

“La infección se puede dar incluso al intercambiar palabras con alguien aparentemente sano (no olvidemos que tanto asintomáticos como presintómaticos son contagiosos), pues todos exhalamos microgotas que van de las 60 a las 300 micras, de forma constante. De ahí la importancia de usar una protección en nariz y boca capaz de atrapar estas partículas. No olvidemos que un buen cubrebocas debe cumplir con dos características: filtrar el aire que entra a nuestros pulmones y, al mismo tiempo, no dificultarnos el respirar”.

Actualmente, el profesor Orlando Hernández pasa gran parte de su tiempo en su laboratorio de la ENES Morelia analizando la microestructura de los distintos materiales con que se elaboran las mascarillas filtrantes y, de esta manera, no sólo ha corroborado algo de todos sabido: las más efectivas no sólo son las N95 de uso médico, sino aquellas confeccionadas en algún punto con la tela de los filtros de aspiradora (polipropileno), ya que los materiales de las primeras y las segundas tienen propiedades químicas semejantes.

“Esto es una buena noticia pues hablamos de un material económico que se puede conseguir en las tiendas, con una retícula bastante eficiente que atrapa los aerosoles e impide su paso y con el cual, incluso, nos podemos fabricar nuestros propios tapabocas, o añadirle una capa extra de protección al que ya tenemos, en especial si es de esos que cuentan con una bolsita para colocarle filtros”.

Por todo ello, el académico pide ser cuidadoso al elegir una máscara, en especial con tanta oferta en los mercados y puestos callejeros. Lo importante no es elegir la más bonita o curiosa (las hay desde aquellas con una sonrisa del Joker hasta las que emulan el bozal de Hannibal Lecter), sino las que tienen el mejor diseño y material.

“Lo ideal es que tenga tres capas: la más superficial debe ser de una tela repelente al agua como el poliéster, pero no cualquiera ya que no todos los poliésteres tienen dicha cualidad. Por ello, antes de comprarnos una es recomendable, con una jeringuilla, poner una gota sobre el exterior del cubrebocas y observar si ésta permanece o se absorbe de inmediato. Si es succionada y desaparece en pocos segundos no nos sirve, ya que haría lo mismo con los aerosoles”. 

La segunda capa —añade— puede ser de polipropileno (recordemos que no sólo es el material de los filtros de aspiradora, sino uno muy parecido al de las máscaras N95), y la tercera, por ir pegada a nuestro cuerpo, debe ser de algodón u otra tela ahora sí muy absorbente, pues llegados a este punto lo que deseamos es retener lo que salga de nuestra boca y nariz, pues si estamos infectados eso evitará que alguien más respire nuestras exhalaciones.

Aunque al principio de la charla el profesor Hernández señalaba que, incluso siendo de mal material, siempre es preferible llevar un cubrebocas a ninguno, en esta ocasión advierte que hay uno tan desaconsejable que incluso ya fue prohibido en muchas ciudades de Estados Unidos por implicar un riesgo sanitario: el que tiene válvula.

“Las válvulas que se les colocan están diseñadas para facilitar la respiración, y si bien estas máscaras limpian el aire entrante e incluso evitan que se empañen nuestros lentes, lo cuestionable es que dejan salir las exhalaciones sin filtrarlas y ello representa un gran problema, porque si quien lo usa está infectado, ese individuo propagará la enfermedad por doquiera que pase. Por ello, estas máscaras no son útiles contra la COVID-19, pues si deseamos acabar con la pandemia debemos romper el ciclo de contagio, nunca continuarlo”.

Usos y cuidados

Hace unos días, la exprimera dama Angélica Rivera fue captada en Miami recorriendo un lujoso centro comercial con un par de bolsas doradas al brazo. Las críticas le fueron inmediatas no sólo por hacer compras no esenciales cuando esa ciudad está en su pico de contagios, sino por usar dos cubrebocas y ninguno de manera adecuada: uno lo llevaba dejando descubierta la nariz y el otro colgaba holgadamente de su cuello, cual si fuera gargantilla.

A decir del doctor Orlando Hernández, no basta con tener una máscara facial para estar protegido, es preciso usarla de manera correcta y ello empieza por saber que debe cubrir desde la parte baja de barbilla hasta el puente de la nariz, que sólo hay que manipularla por las puntas que van en las orejas o por las ligas de sujeción y, una vez colocada, no tocarla, pues podría contaminarse con patógenos.

“A diferencia de los asiáticos, esto de usar cubrebocas es nuevo para nosotros. Yo mismo me sentía raro al inicio y ello explica que veamos a tanta gente llevarla por debajo de la nariz cubriéndose sólo la boca o a nivel de la garganta como si fuera bufanda, o incluso a individuos que se la bajan cada que desean hablar, y todo eso está mal”.

Además de familiarizarnos con los protocolos de buen uso —agrega el académico— es deseable que cada uno de nosotros conozca más sobre la mascarilla que tiene en casa, es decir, si ésta es desechable (como las N95 o los pellones quirúrgicos), si se puede reutilizar o incluso si tiene una bolsa para filtro, pues éste debe renovarse con frecuencia. De esas características dependerán los cuidados a darle.

“Hace poco me comentaban de una oferta en internet de cubrebocas N95 lavables y de múltiples puestas, y eso es mentira. Debemos tener cuidado con estos anuncios ya que, con tal de vender, no nos dicen que esas máscaras se dañan con el agua y jabón, ni que tras su uso se deben desechar. De hecho, un médico no debería portar una de éstas arriba de cinco horas y alguien normal, que sólo la emplea para salir a la calle, debería desecharla al tercer día”. 

Vivimos tiempos en los que debemos ser muy cuidadosos con la higiene y, así como nos hemos acostumbrado a lavarnos las manos a cada rato, también debemos aprender a sanitizar nuestros cubrebocas (los reusables) varias veces por semana. Esto se hace sumergiéndolos en una solución de alcohol al 70 por ciento y dejándolos secar por un día, lo cual nos obliga a tener dos o tres más de repuesto, por si en ese lapso debemos salir a algún sitio público.

Una nueva cultura

Mucho se ha especulado sobre por qué en Asia existe una cultura centenaria del uso de cubrebocas (lo de centenaria es literal, pues ésta se remonta a 1918, cuando la gripe española azotó al planeta), mientras que en Occidente no hay nada similar (algunos proponen que ello se debe a que, para los habitantes de esta región, el mostrar identidad, hacer patentes las expresiones faciales y el mirarse a los ojos son elementos comunicativos y de ahí que taparse la cara cuadre tan poco con la manera occidental de entender el mundo).

No obstante, ante lo rápido que países como Corea del Sur, China o Japón aplanaron sus curvas de contagios, y al ver cómo Europa y América se han vuelto hervideros de la infección, muchos expertos comenzaron a contrastar las estrategias aplicadas tanto aquí como allá para luego aventurar que, en cuanto al uso de las máscaras faciales como freno para los patógenos, quizá Asia tenía razón.

A decir del profesor Hernández, la buena noticia es que los humanos sabemos adaptarnos y la evidencia de ello es que cada vez hay más personas con cubrebocas en las calles, por lo que critica que los tomadores de decisiones, pese a que deberían ser los más interesados en que se generalice esta nueva práctica, se nieguen a ponerse un cubrebocas, como Donald Trump, quien dice que hacerlo “es mandar el mensaje erróneo, además de que con él se ve ridículo”.

Esta reticencia en las más altas esferas políticas se ha vuelto tan evidente que incluso el Nobel Mario Molina ha invitado a Andrés Manuel López Obrador a dar el ejemplo y usar máscara durante sus eventos, mientras que en Brasil un juez fue más allá y, ante sus negativas constantes, le impuso al mismísimo presidente Jair Bolsonaro la obligación legal de usar barbijo en todo acto público.

No obstante, el doctor Orlando Hernández se dice confiado en que este cambio de paradigmas, más que por coerción, se dará por convencimiento, pues “aunque adoptar otros hábitos no es fácil y menos de la noche a la mañana, esta pandemia nos está enseñando a usar cubrebocas. No es la primera vez que como humanidad nos enfrentamos a un nuevo virus y en cada ocasión hemos aprendido algo para salir adelante; de ésta saldremos sabiendo algo más”.

Con información de UNAM Global