México sin proyecto educativo y lejos del desarrollo

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Juan José Miró

Son múltiples los elementos a considerar en el desarrollo de un país, el debate entre crecimiento y desarrollo sigue y seguirá, al margen de éste, está el acontecer de las sociedades de los países, que algunos son calificados como desarrollados, subdesarrollados en vías de desarrollo en esta clasificación entra también los países emergentes, que de alguna manera terminó con los comparativos teniendo como base el desarrollo.

Bueno uno de esos elementos en el contexto del desarrollo, que tiene, por cierto, un lugar preponderante, es el educativo, la educación formal, su calidad, las condiciones y sus alcances.

Organismos de alcance mundial comparten experiencias, métodos y aún hasta material en el terreno de la educación, y han marcado diferencias fundamentales que se han adoptado en diversos países por las bondades y resultados que se han obtenido de seguir esos sistemas, factores fundamentales en estos terrenos es el método y el fondo (los contenidos), que en cada país se imprime de acuerdo a sus características; tanto históricas, como culturales.

El sistema educativo de un país refleja o debe reflejar la esencia histórica, cultural y principios básicos de una sociedad; su cosmogonía como estado y como individuo en cada sociedad.

En el plano profesional, la consecuencia última de los procesos educativos, tiene un impacto en todos los ámbitos; países que aportan a la comunidad internacional, innovación, ciencia, tecnología y formas de resolver problemas comunes en el orbe.

En México, con tristeza estamos presenciando el fin de una cultura milenaria, y no porque ésta se termine, sino porque no hay forma de que se preserve, porque quienes deben hacerlo, quienes deben preservar ese legado cultural, esa creatividad, inventiva y cosmogonía que ha impactado al mundo y nos ha caracterizado, se ha reducido a una fórmula política sin forma, sin ideales, sin método, es más, sin razón de ser.

Burocracia, política, prebendas, compromisos y demagogia, son los elementos que nutren el sistema educativo que configuran las leyes secundarias que dicen, acabó con la reforma política delineada en el sexenio pasado. Sin embargo, el galimatías que se está conformando,  por más que se le ha buscado aportación al progreso, al bienestar a crear profesionales que se incorporen y aporten algo al mundo o al menos al país, no ofrece nada substancial.

De acuerdo a lo aprobado en la Cámara de Diputados, leyes secundarias para terminar con lo hecho dicen en el viejo régimen, el único logro que se observa es que pasará, al menos una década para recuperar el terreno perdido, de antes y ahora, es una lástima, ver como desde las vertientes política y demagógica se cancela la posibilidad de al menos en un terreno incursionar hacia el desarrollo, la normatividad que se acaba de aprobar, sin lugar a dudas no llevará a México a parte alguna, serán las individualidades y entidades educativas que se alejen del galimatías que se acaba de aprobar, serán quizá los que logren algo, que no será posible lograrlo como país.

Lejos quedó la posibilidad de que México consume su riqueza cultural, los conocimientos adquiridos y acumulados en un sistema educativo que al menos signifique algo para los mexicanos, y más lejos las posibilidades de incorporar el país al desarrollo. Alguien dijo y dijo bien: “la educación nuestra principal arma contra la pobreza”. México y los mexicanos con las famosas leyes secundarias se han quedado sin posibilidades de un modelo educativo y desarmado para combatir la pobreza.