La vacuna es sólo contra COVID-19

Ciudad de México (Rasa-informa.com/Redacción).- Es, aunque no lo parezca, una verdad de Perogrullo: no existe por desgracia, una vacuna para el desempleo ni para la quiebra de empresas, sobre todo las Mipyme (Micro, pequeña y mediana empresa).

El que un millón o más de esas unidades económicas hayan tenido que cerrar, según información verificable del Instituto Nacional de Geografía, por falta de recursos, por no contar en su momento con los apoyos necesarios para mantenerse en el mercado, es un elemento más que se suma a la cadena de desgracias en el terreno económico que se suman al de salud pública.

En el mejor de los casos, por cada mipyme quebrada hay que sumarle de 4 a 6 personas que dependían de esa unidad económica, con lo que se suman a la pobreza de posibilidades, al mismo tiempo que se engrosan las filas de la pobreza laboral. No son miles, sino millones de personas que como destino tienen la pobreza, en el peor de los casos de pobreza extrema que estaba en vías de recuperación, se estaba abatiendo, según el Banco Mundial, La Organización de las Naciones Unidas y el Fondo Monetario Internacional, entidades que entre sus múltiples estudios a nivel mundial está el de la pobreza. No son fantasías ni invenciones.

En muchos casos al cierre de las mipymes,  queda en el historial de quien las opera: deudas, resentimiento, frustración, e impotencia, porque además de tener que pagar lo que pidieron para mantener el negocio, cubrir los gastos que se realizaban tanto con los proveedores como con la familia.

Mientras más tiempo transcurra la gente en confinamiento, la economía paralizada, mayor serán los estragos en todo el tejido social.

La clase media de cara a esta situación, está por desaparecer, para incorporarse a la pobreza, el grave problema de salud, está arrastrando a una severa crisis en lo económico y lo social y, muy pronto uno de carácter político, que está en ciernes para el próximo año.

La sociedad en conjunto, debe reflexionar, ante la carencia de liderazgos, tiene que pensar de manera colectiva. La desobediencia social, a indicaciones simples como no usar el cubre boca, conservar la sana distancia, lavarse las manos y no asistir y/u organizar festejos, a quien lastima es a ella misma, es casi suicidio colectivo. Está en manos de la sociedad el que se reactive la economía, en todos los terrenos, porque es ésta la que al infectarse impide que se abran los espacios tanto públicos como privados, las unidades económicas al margen de sus dimensiones; luego entonces, es ella la que puede poner freno, ayudada por las medidas que al parecer están cerca como las vacunas, que, por cierto,  pasaran muchos meses antes de que se logre ver sus efectos, por lo que, cuanto antes la sociedad, a través de colectivos a partir de la familia, la colonia, el barrio, el municipio, la alcaldía, el Estado y la región, acuerde protegerse y proteger, no son demasiado exigentes los requisitos para hacerle frente a la pandemia, a ese ente que a simple vista no se puede ver, pero si los estragos que ocasiona, el Covid-19 no puede ser más fuerte que la voluntad y fuerza de la sociedad.

El sentido común, las costumbres, los principios que forman parte de las raíces de un pueblo, son más fuertes que los estragos de la modernidad, ahora que es posible como nunca antes la movilidad, también como nunca antes más rápida la dispersión de plagas y virus como lo estamos viendo.

Es cierto, al parecer ya son una realidad las vacunas, al menos hay cinco que están solicitando las autorizaciones correspondientes para ser aplicadas. La logística de su aplicación todavía no es una realidad, en algunos países, al parecer, el problema lo tienen resuelto, en México no se ha visto, quizá (aunque lo dudo), por algún lugar aparecerá, mientras eso sucede, no hay que esperar para actuar, recuerde que la vacuna es para protegernos del COVID-19, pero no nos recupera de la recesión económica, el desempleo, la quiebra de empresas de todos los tamaños.

Resarcir el tejido social, la economía y la “nueva modernidad, no se consigue con vacunas, sino con una sociedad sana, impetuosa, creativa y con ganas de vivir; vivir sin el miedo de salir a la calle, de relacionarse, recuperar su vida social, y con oportunidades de recuperar, no el tiempo, pero si la tranquilidad y las formas de cubrir sus necesidades económicas y sociales.

Recuerde que la vacuna es sólo contra COVID-19.