La reina del Sur sólo podía ser de Culiacán: Élmer Mendoza

Élmer Mendoza llevó de la mano al escritor Arturo Pérez Reverte en el diseño de su personaje Teresa Mendoza: “Él fue a Culiacán, concibió el proyecto de La Reina del Sur a partir de que le encargaron un reportaje

Ciudad de México (Rasa-informa.com).- Hace 20 años Élmer Mendoza escribió El asesino solitario, una novela que “la legitimó una forma de contar una historia”. Un sicario era quien contaba la novela y lo hacía con su lenguaje, con su visión de la vida, con sangre en las manos. “Incluye un lenguaje fuerte, un lenguaje de una región (Sinaloa) que no aparecía lingüísticamente en el mapa de la literatura mexicana y también un estilo distinto de contar una historia de violencia”, afirma en entrevista con UNAM Global.

Sabía que un día entrevistaría al Zurdo Mendieta (uno de sus personajes), le dije. “Sabías, ¿sólo sabías?, contesta con una sonrisa y añade sobre su forma de escribir: “La literatura te tiene que salir de muy adentro, es como el amor, si no te sale del fondo (se toca el corazón) es que estás jugando y puede ser un juego que vaya en contra tuya. Así asumí El asesino solitario”.

Élmer Mendoza escribió esto cuando aún estaba fresco el magnicidio de Luis Donaldo Colosio, cuando aún circulaban decenas de versiones sobre la autoría intelectual del crimen: “Hay que matar a un candidato, chale, lo dijo en el momento en que se hizo silencio en el bar y se oyó clarísimo, no sé si alguna vez te ha tocado, estás en un lugar, todo muy chilo, acá, todo mundo cotorreando y de pronto un silencio que no te la andas acabando. Ándese paseando, pensé, con razón, ¿quién valdrá cien mil cueros de rana?, ¿Un candidato a la presidencia?, pregunté, Claro, ¿quién va a ofrecer tanto por un candidato a diputado o a senador?”

Élmer Mendoza llevó de la mano al escritor Arturo Pérez Reverte en el diseño de su personaje Teresa Mendoza: “Él fue a Culiacán, concibió el proyecto de La Reina del Sur a partir de que le encargaron un reportaje y decidió mejor hacer una novela y le contó a uno de sus amigos de la Ciudad de México que quería que Teresa Mendoza fuera de la Ciudad de México y su amigo le dijo que no, ella tiene que ser de Culiacán”.

Cuando Pérez Reverte preguntó quién podía guiarlo en esa aventura apareció el nombre de Élmer Mendoza. “Me entrevisté con él. Era un autor que había leído, que admiraba y que admiro. ‘En qué te puedo ayudar’, le dije. Tengo este proyecto. Toma notas igual que yo, en una libreta. ‘Perfecto’, le dije. ‘Qué te falta’. Me faltan las locaciones, el lenguaje, escuchar a la gente, conocerla.

Yo le propuse una serie de sitios, de horarios para visitar los sitios y nos dimos a esa tarea, mientras platicábamos, comíamos, desayunábamos, cenábamos. Yo lo llevaba para que conversara con gente, que viera cosas y él anote y anote y llegaba a su hotel y se ponía a escribir capítulos”.

Élmer Mendoza cuenta, previo a la presentación de su nuevo trabajo en la Feria del Libro del Tec de Monterrey, cómo se consolidó la amistad: “Un día él me contó que tenía amigos analfabetos y que eran sus grandes amigos y cómo él se llevaba con ellos de bien y eran personas con las que él había trabajado cuando él era joven. Como él es de Cartagena, eran pescadores y sacaban objetos romanos del fondo del mar y Arturo se tiraba clavados y cuando me dijo eso le dije: ‘sabes qué bato: sí podemos ser amigos’. ¿Por qué? Porque yo tengo muchos amigos analfabetos, campesinos, compadres y que yo voy con ellos, otra visión del mundo y cuando uno se lleva bien con la gente que no sabe lo que uno hace y quién es, es otra cosa y Arturo es de esos”.

Pérez Reverte platicó hace casi tres años en una Feria del Libro de Guadalajara, junto a su amigo Élmer Mendoza, que “siempre se termina por entender mejor a los lobos que a los corderos. Cuando se han vivido más de 40 guerras, se han presenciado muertes, violaciones, dolor, soledad, miedo, se corre el riesgo de perder la compasión por los débiles”.

Con información de UNAM Global